10 agosto 2009

ANATOMIA DE LA RANA

Manuel Díaz El Cordobés

ANATOMIA DE LA RANA
Por Agustín Hervás
Onda Cero Radio

Ser batracio es muy difícil, o no, según se mire. Pero eso de estar en el agua y nadar sin nadar, y luego fuera, y estar en tierra, sin estar, y que la piel se reseque y que huela, y pegar saltos en vez de andar. Es como lo del “tío en Graná, que ni tiene tío ni tiene na”. Es no ser ni pez, ni ave, ni animal como Dios manda.

La tarde se había metido en triunfo a excepción de Rivera Ordóñez que le tocó silencio, y en el cuarto, de 475 kilos, El Cordobés armó el taco. Toda la corrida pasó de los 460. Por decir verdad, en Torremolinos, como plaza de tercera no tiene obligación de mostrar la tablilla con los pesos, pero la empresa entiende que es un complemento de información para el publico y la pone. El Cordobés cortó un rabo, y para ello sucedieron varias cosas, pero ninguna de ellas tiene que ver con el toreo. Tiene que ver con los números circenses de los acróbatas y los números humorísticos de los payasos, que divierte un montón. A veces emocionan cuando se les va un pie de la cuerda pero debajo hay malla. No es por comparar, pues la cosa pudo haber sido muy grave. Al Cordobés también se le fue un pie al entrar a matar y el toro le pegó un volteretón de aúpa. Se pensó que la llevaba, pero no, solo fue que el mermado pitón señaló en el muslo el lugar, rasgada la taleguilla, por donde de haber estado en puntas, hubiera agarrado cornada. Antes de eso le dio fiesta al Juan Pedro en el centro del ruedo, con el salto de la rana incluido, por varias veces además, para terminar con un incesante lanzamiento de besos a la testuz del noble y bueno animal. Al primero si lo toreó, y mejor. Un aseado saludo capotero, algunos naturales buenos y un final por bajo que lo hubiera firmado el mismísimo Pepito Arroyo.

Javier Conde anduvo aseado en su primero, fundamentalmente empleándose por el pitón izquierdo, ya que el malagueño vio cierto reparo de la vista del ojo derecho del toro y de espontáneas claudicaciones de la mano derecha. Se relajó tanto con este toro que llegó a tirar la muleta tras rematar una serie. La faena al quinto de la tarde fue una de sus típicas faenas en las que este torero entra en trance y entonces es imposible definirlo. Tal debe ser la magnitud espiritual del momento que como uno no se sienta, y confieso no sentirme, teresiano, jamás podrá comprender esa elevación del toreo moderno. Cualquier indocumentado en el arte del misticismo, diría que lo que hizo Javier Conde al quinto toro, fueron tonterías, del talante de la mano muerta, el pase de la muñequita bailarina, el Cuasimodo y otras lindezas que deben estar en consonancia con esto de la fiesta moderna. También tiró aquí la muleta, se abrió la chaquetilla ofreciendo el pecho a los desvencijados pitones y toreando con la derecha sin espada.

Rivera Ordóñez no tuvo suerte con el lote y mejor así, pues ante las adversidades se crece. De haber embestido los toros quizás se hubieran notado las carencias afectivas de la profesión. Esto es, no dar pie con bola. Cosa que sí se vio con la espada, suerte fundamental donde se ve si un torero está o no. Con el melocotón tercero realizó un esfuerzo para hacerle embestir al toro, consiguiéndolo a su manera, en un toma y daca a favor de obra. Con el que cerraba plaza puso banderillas aseadamente y con la muleta anduvo voluntarioso y efectista.

Los toros de Juan Pedro Domecq sustituyeron a los anunciados de Gavira. Bien presentados excepto el sexto. Primero terciado. Justos de fuerzas, sospechosos de cuernos, pero buenos y nobles. El cuarto y el quinto extraordinarios.

El callejón de la plaza está bien cuidado por el delegado de la autoridad, pero le falta llamarle la atención a los subalternos que como plaza de carros piden los rabos para su matador.

La anécdota la puso el cordobés en la vuelta al ruedo del rabo, que al recoger un monedero, abrirlo y ver que estaba vacío, le pidió veinte euros al mozo de espadas, los metió y se lo volvió a lanzar a la señorita.

¡Aquí paz y allí gloria!

FICHA:
Plaza de toros de Torremolinos, domingo 9 de agosto de 2009. Toros de Juan Pedro Domecq que sustituían a los anunciados de Gavira. Correctos en la presentación, justos de fuerzas, nobles y buenos. Manuel Díaz El Cordobés, estocada contraria, oreja. Estocada saliendo prendido y dos descabellos, dos orejas y rabo. Javier Conde, estocada baja y trasera con derrame, oreja. Contraria que hace guardia y descabello, dos orejas. Rivera Ordóñez, tres pinchazos dejando el brazo atrás, dos hondos que escupe, descabello, pinchazo y estocada caída, silencio. Media en los costillares, descabello, dos orejas.

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