Días de mucho, vísperas de nada. Ayer Puerta del Príncipe, hoy desastre ganadero. La Maestranza cierra su temporada con una feria de San Miguel con más pena que gloria, pues incluso a la Puerta del Príncipe de Aguado le faltó concreción.
Luis Blazquez el banderillero valenciano se retiraba del toreo. Le tocaron Juncal y se emocionó.
Hoy el desastre ganadero ha sido evidente. Toros discretamente presentados para esta plaza, no por chicos, sino por un trapío impropio de la plaza, solo el quinto burraco se salvaba, y además descastados en diferentes fases, pero en lo que al toreo moderno le vale, el tercio de muleta, un autentico petardo. Todos los toros pitados al arrastre. El público cabreado por haber pagado un pastizal para una pantomima tan exagerada. Nada, repito, nada achacable a los toreros, salvo el morantismo penitente que obligó al presidente (al que tampoco le costó mucho sacar el verde) a cambiar el cuarto toro por alguna cosa en la vista, cuando en mi humilde opinión, visto el comportamiento de toda la corrida, lo que le pasaba a ese toro era que estaba completo de mansedumbre. Si esto ocurre en Sevilla, apaga y vámonos que esto ya no tiene futuro. Ya por obligación todos los toros tienen que embestir es a lo que obliga el toreo moderno y la ley del consumidor, uno paga para que le den embestidas no mansedumbre. La teoría del toreo del revés... pues eso, apaga y vámonos.
Hoy no me entretendré en relatar como han sido los toros y lo que los toreros no han hecho. No merece la pena. Solo diré que con semejante material, Morante estuvo aseado con el primero y breve con el sobrero. Que Luque estuvo a la altura de lo que se espera de él, inteligente y técnico. Y que Borja estuvo dispuesto y voluntarioso.
¡Aquí paz y allí gloria!










