Ayer recibía de parte de Pepe Ramos, compañero de Onda Cero Salamanca, la noticia del fallecimiento de mi amigo y compañero Fermín González. Y me dijo que tras la larga enfermedad que padecía, soportada estoicamente, como los buenos toreros las cornadas grandes, murió como había vivido, en torero, que es la mejor forma de estar por esta vida y de irse de ella.
Recupero este artículo que escribí tras el atentado del 11M, donde lo cito y que a él le gustó mucho, además de ser significativo, hoy, de todo el cariño que le tenía a Fermín.
PONDRÉ UN CRESPON NEGRO
Por Agustín Hervás
Quedamos en que me recogería en la estación de Atocha a donde llegaré desde Coslada, donde vive mi tía Eugenia, a la que visito de vez en cuando.
He de reconocer que Juan, que es soltero, sabe cocinar como si fuera una buena madre. En la mesa; un cóctel de gambas del Puerto adornadas con dos pasas de Manilva; en el salvamanteles una sartén de arroz de Sevilla con tropezones de cordero de Churra, corazones de alcachofas murcianas y habas verdes de la vega de Granada; en su punto de sal. A Juan le gusta cocinar arrojando la sal en las cazuelas y a fe que tiene medida en el lance. El vino de hoy es blanco y nada más y nada menos que un Gaintza pisado de uvas de Getaria. De postre han sido unas castañas pilongas de La Alberca flambeadas al whisky escocés.
Cuando me sirvió el café italiano al punto más amargo, fue a por mí. Me sacó a barrera al insigne “fransuá” como lo llama él. Me habló de que no le parece el mejor apoderado para Juan Diego pero que al menos se está viendo su gestión. Está puesto en las tres primeras ferias. Que quizás para Javier Conde si sea buen apoderado porque ambos son como son, de raros. Le digo que sí, que son raros los dos, el de Málaga por torear como torea que parece que baila, que no se arrima, que no sabe coger los engaños y que encima tiene suerte porque el público se vuelve loco con él cuando es capaz de completar alrededor del toro el acto completo del Lago de Los Cisnes. Le recuerdo a Juan que en unas declaraciones a Pepe Ramos de Onda Cero, en la pasada feria, Simón Casas decía que Javier Conde era el torero más técnico que había en el escalafón y que acto seguido Domingo Bejarano, desde el palco catorce, desde donde transmitíamos la corrida, pegó una carcajada que se oyó en el Tormes y que Fermín González no hacia mas que decir por el micrófono, al oír tamaña idea, - ¡Pero vamos, pero vamos hombre! ¿Pero como se puede decir eso? – Pues claro que se puede decir esa “chorrada” si bien lo miras es la mejor técnica empleada para no mancharse “er vestio”, para no arrimarse.
Juan siguió hurgando en lo del “fransuá” y lo que me dijo me daba la razón de la rareza de este francés. El asunto lo leyó en Mundotoro, donde el gabacho se despacho a gusto diciendo que él no había querido ser nunca policía, sino torero y que no entendía porqué los toros tenían que estar bajo la tutela del Ministerio del Interior. También supo decir que él no conocía ningún ambiente más facha que el taurino. Juan no está de acuerdo con lo último dicho por el francesito, y yo también lo estoy, pero discrepamos acaloradamente en lo de estar tutelados por Interior. El piensa, junto al medio raro, que los toros deben estar en cultura y yo sigo opinando que mientras no se creen organismos de control del fraude y de la sinvergonzonería que hay en esto del toro, deben seguir en Interior.
Discutimos pero terminamos bien, somos amigos, además la invitación a comer fue de escándalo. Me devolvió en grata compañía a la estación de Atocha y fuime.
A Juan le vi por última vez la mano izquierda. Alguien me la mostró, yo quise verla, era la mano que mejor toreaba en la cocina, sobre todo en el punto de la sal. ¿Cómo no iba yo a reconocer su mano?
En el noticiero de la noche cuando informaban de las manifestaciones del día de después he oído lo más sensato que nadie haya dicho. El reportero de turno preguntaba: ¿Y tu porqué has venido? El niño respondió: “para que quienes hayan hecho esto se avergüencen el resto de sus vidas”
A ese niño le voy a regalar cuando se me pase el luto el abono de mi amigo Juan… y llevará un crespón negro.










