08 marzo 2010

MONUMENTO A LA OREJA


MONUMENTO A LA OREJA
En un principio, y sobre todo en provincias, los espectadores para recompensar la faena, con una estocada muy buena, reclamaban que el precio de la carne del toro muerto se añadiera a la cantidad, entonces poco elevada, que cobraba el torero. En consecuencia, y como contraseña, se le entregaba al interesado una oreja, que luego presentaba en el desolladero.La costumbre revivió un día, pero a titulo meramente honorífico. La primera oreja cortada lo fue en Madrid por Vicente Pastor (2-10-1910); luego en Sevilla por Joselito él (30-9-1915). Esta distinción estaba, sin embargo, reservada a los éxitos mayores. Después se usó y se abuso de ella con un liberalismo creciente, y hubo que ingeniárselas para dividir los trofeos por orden de importancia; una oreja, dos orejas, el rabo... incluso en muchas plazas se llego a seccionar la pata del animal.Los presidentes de la corrida, cargo ocupado en España, “casi” obligatoriamente por un delegado de la autoridad más o menos competente, se han dejado forzar la mano, él publico los ha seguido y se siente frustrado si no puede declarar a la salida de la plaza:-¡ Ya lo creo que la corrida ha sido buena! ¡ Se han cortado cinco orejas y dos rabos!.Hoy la puja continua, invadiendo el mercado. Porque la autoridad ha concedido precipitadamente un galardón al matador, se encuentra obligada a continuar subiendo si desea tener en cuenta a los demás. La corrida no gana con ello, ni en belleza, ni entusiasmo, y no despeja las dudas que él publico pudiera tener. La confusión es mayor, y debería ser la critica taurina la que emprenda esa labor de denuncia, con fuerza y constancia, implicandose seriamente y, tienda a reducir tanto corte de apéndices, tan de moda en esta época y, sobremanera aquellos que tan alto hablan en muchas ocasiones de las ventajas y seguridades de las que se rodean actualmente las figuras del toreo.¡solo así se podría ir poniendo un poco de freno, un poco mas de rigor y de exigencia a la hora de conceder los trofeos, para premiar faenas,- en no pocas ocasiones- de perfil bajo, a las cuales les acompaño un toro de empalagosa embestida. Si ustedes tienen en cuenta los datos, poco más de una docena de toreros han cortado más de mil orejas y cuarenta rabos… Deberíamos preguntarnos ¿Dónde está la afición? ¿Donde esta la critica? ¿Dónde la autoridad competente? Con esta reflexión, que cada cual examine su conciencia y ponga de su parte cuanto sea necesario, y algo se habrá hecho para no poner en solfa esta Fiesta y exigir del espectáculo lo que merece… ¡Sin pedir el rabo…claro!
Fermín González comentarista de onda cero radio – Salamanca-

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