Apunte de Anciones.Si quisiéramos, ahora en tiempo de ocio taurino, hacer memoria y recordar un toro bravo que se haya lidiado en esta temporada, cada uno de los aficionados recordaríamos alguno. Seguro que alguno alberga nuestra memoria. Pero ¿un autentico toro bravo? El concepto de bravura como el de trapío son, a mi modo de ver, subjetivos. Verán, en la radio suelo poner el mismo ejemplo siempre, pero es de lo más gráfico que he encontrado para provocar su entendimiento. El concepto de trapío es equiparable al concepto que tenemos de un hombre o de una mujer de bandera. Pues igual y de forma fina, aquello que al verla nos hace hervir la sangre y piropearla.
No es la primera vez que abordo este tema en mis comentarios y artículos, porque se entenderá que estamos ante el mayor dilema de la tauromaquia. Saber cuando un toro es bravo.
Como principio quiero aquí y ahora decir que un toro bravo no es lo que en la tauromaquia moderna se pretende, que es que sólo lo sea (ímpetu en la embestida) en el tercio de muerte, es decir en la faena de muleta. Eso es invento de la filosofía del juampedrismo que tanto daño ha hecho a la fiesta y tanto poso ha dejado en los políticos que conformaron con ello un reglamento andaluz, uno castellano y sus variantes, navarras y vascas.
Dicho esto, y habiendo citado al toro de bandera, quizás sea esta la definición más corta de la bravura, aunque siguiendo el juego dialéctico habría que preguntarse, pues, ¿qué es un toro de bandera? El juego de este toro tiene que ser vibrante en la pelea de varas. Lo ideal es que lo sea desde la primera arrancada, pero lo normal es que lo sea de forma progresiva, es decir a más desde la primera a la última que tome. Y ahora viene lo de lo mal que se administra la suerte, pues si se hiciera con moderación, no ajustándolo sólo al primer encuentro, podría verse al toro en su dimensión. Pero claro, esto al torero no le interesa y al picador tampoco. Al aficionado que le den. El aficionado sí quisiera ver la suerte de varas por derecho. Cuando el toro se arranque al caballo debe hacerlo con presteza y rectitud, humillando en el embroque, no rectificando su embestida, empujando con los riñones y no rehuyendo el empeño hasta que los de a pie le saquen de la suerte. A las banderillas debe acudir, pronto y alegre, sin cortar en los viajes y sin echar la cara arriba en los encuentros. Y en el último tercio, su acometividad, más templada, no perderá intensidad, atemperada y rítmica, y será clara la fijeza en la franela. Una vez embarcado el toro debe ir largo, y la largura debe ser profunda, y esa embestida, que tendrá que ser emotiva será consecuente con la casta, esto es por definición: Embestida encastada. Así esto esas embestidas no reñirán con la nobleza. Por fin llegará a la muerte desfondado, pero sin rehuir la pelea, y pedirá la muerte sin rajarse. A este comportamiento ideal deberán sumarse sus armónicas hechuras y un trapío que infunda respeto.
Ahora hagamos memoria y repasemos los toros de premio de esta temporada.
















