24 julio 2006

LA ESTETICA DE LA TRINCHERA Y EL PODER DEL DOBLON

LA ESTETICA DE LA TRINCHERA Y EL PODER DEL DOBLÓN
Por Agustín Hervás
Onda Cero Radio
Tribuna de Salamanca

El toreo fundamental es como Dios. Uno y Trino. Uno por ser el más importante, el que mide la técnica, la torería y la sabiduría del torero y Trino porque abarca los estadios elementales de este arte que algo tiene que ver con los verbos ya casi olvidados pero no por ello menos importantes de: Parar. Templar. Mandar.
Ya se sabe que el toreo en redondo, vulgo derechazos, y el toreo al natural son la base fundamental de las faenas de muleta en la dimensión ortodoxa y que si planteamos una faena como Dios manda nos dedicaremos a tantear al principio al animal observando su recorrido, codicia y entrega, no más allá de dos tandas de muletazos por uno y otro pitón, para una vez visto pasar al cuerpo central de la faena que se suele comenzar por el mejor pitón del toro, probar por el pitón menos bueno y rematar otra vez por el bueno por si fue el caso de que se nos hubiera caído un poco el trasteo y conseguir con ello volver a meter la gente en el canasto. Es importante la elección de los terrenos en estas dos primeras fases de la faena y en virtud de las condiciones del animal sin molestarlo del terreno en el que haya quedado después de banderillas comenzar los muletazos. Lo normal es que sin obligarlo a cerrarse en tablas, manía moderna, el toro quede en el tercio por lo que el matador le plantará cara allí y en las probaturas ir sacándolo a los medios para ir cuajando el cuerpo central de la faena en los medios. Sea cual fuere el terreno elegido lo conveniente después es comenzar la última parte de la faena con ese toreo que llamamos superficial pero que tan estéticamente queda pues es un toreo de composición de figura y de filigrana. Habitualmente el publico es agradecido si esto se hace así para lo cual también iremos cerrando el toro de nuevo al tercio para en las rayas darle muerte. Eso si la cosa no puede ser en el centro del ruedo porque ya se sabe que ahí los toros pesan mucho y sobre todo no todos son aptos para embestir y morir en ese terreno.
Sin embargo dentro del toreo superficial hay dos muletazos determinantes. El Doblón y la Trinchera. Los dos llenos de estética, de distinta eficacia y que se pueden emplear o al principio de la faena o al final, con matices.
Veamos. Supongamos que cuando comenzamos la faena el toro está pronto pero metido en los engaños según la observación de los primeros tercios. Va largo, muy largo y nos interesa que acorte la largura de la embestida para tomarle correctamente la distancia y comenzar las series, entonces surge el muletazo por bajo a modo de Trinchera que se inicia suave, se recorta con un toque en el que manda el codo y se compone para ligar el siguiente muletazo por la derecha. Es estético este muletazo y si se interpreta como José Fuentes la armonía es absoluta y sobre todo eficaz para lo que queremos conseguir, que el toro recorte su embestida para acoplarnos mejor. De igual modo este muletazo, que para nada es de castigo, puede incluirse en las series de cierre de las faenas si el toro aguanta.
Por el contrario el Doblón es un pase de castigo, de ahormamiento del toro ya que puede ser que se venga con muchos pies y sea violento. Entonces nos doblamos con el intentamos que humille y quitarle los inoportunos cabezazos a la vez que regulamos el viaje. Este muletazo como lo daba Antoñete es de una composición de fuerza y de poderío tan eficaz como peligroso pues o acertamos en el intento o podemos producir en el animal el efecto contrario que es el de acortarle el viaje tanto que partido el toro se nos quede en la embestida. Desde luego no sirve para finales.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

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