25 mayo 2006

UN PASTOR ENTRE NOSOTROS

UN PASTOR ENTRE NOSOTROS
Por Agustín Hervás

Está loco. Loco por lo que habla y loco por lo que dice en el ruedo. Aunque la virtud de los lideres es precisamente esta que en otros mundos se paga con el manicomio. Que nos gusta, si, que nos ilusiona, si, pero sobre todo nos emociona. Ese, en los tiempos que corremos, es el mejor verbo, el más grande: EMOCIONAR.
Desde el pueblo, desde lo bajo del todo, desde donde el alimento es el queso, el vestido la lana y el techo, el cielo, pero nunca por ello menos importante y arrebatador nos ha llegado este nuevo pastor del toreo que aunque no sabe matar, (los pastores salvan a sus ovejas, no las matan, de ahí su poca convicción en la suerte), nos ha dejado una ilusión que entronca con la base de esta locura: el valor y la estética.
Yo no sé quien de los dos está más loco, si Corbacho que oficia de maestro, o Talavante, que hace las veces de alumno. Claro que también Tomás fue su alumno. Bueno, quizás sea cuestión de doctrina y de seguidores.
No me recuerda en nada este chaval al de Galapagar. Porque el valor no tiene parangones, ni la estética, ni la técnica. Lo que si es comparable es la añoranza porque a veces vemos en alguien el reflejo de tiempos y hechos mejores. Por ejemplo a mí, David Mora, me recordó a Manolo Cortés.
Corbacho es un teórico de la tauromaquia y un filosofo de la vida aunque a veces en su mirada y su discurso haya algo de guasa. Algo así como que se está quedando con nosotros. Nació de lo bajo y en su doctrina aplica los cánones básicos de la torería que proyecta en sus lecciones, y según parece, las ha asimilado este extremeño que dice que viene a mandar.
Es cosa buena que un pastor entre tanto hijo de papá torero, venga a poner las cosas en su sitio, si puede o lo dejan, pues soy de los que opinan que a Tomás no lo dejaron y consecuentemente perdió la ilusión.
Este joven de labio superior rugoso y descamado, de evidentes signos de pubertad en su rostro, de habla tierna y pasota y de palabras que rayan la locura nos ha dado una tarde de ilusión. Bienvenida la doctrina de un pastor que quiere luchar contra el lobo, que es lo que hay alrededor del toreo, y pegarle pases buenos al miedo que es el toro.
La novillada del Ventorrillo muy buena, los dos novillos del lote de Esteve, con los que se estrelló, descastados y reservones, confirmaron la regla. Mora aunque dio muletazos buenos no dijo nada porque no se arrebató con ellos, es decir, no toreó, acompañó. Y este nuevo pastor se quedó muy quieto, imprimió temple a sus faenas, puso sello de clasicismo y ortodoxia y nos esperanzó tanto que bien merecerá seguir su doctrina, hasta ver a donde llega porque en este mundo de fariseos ¿no creen que habrá tiempo de crucificarlo?

1 comentario:

pgmacias dijo...

estoy contigo Agustín, a mi también me EMOCIONÓ...bonita palabreja esa de la emoción cuando la transmite lo que pasa en el ruedo...habrá que seguirlo de cerca...yo lo vengo haciendo desde que andaba sin caballos...la espada ...debe pillar el sitio ¡hay que matarlos!...eso se puede aprender y coger el sitio...lo "otro" no, se tiene o se siente porque no lo "venden" en las tiendas.