
En cualquier caso lo meritorio es del picador Antonio Salcedo que con aquellos elementos deja una soberbia vara, considerada como de las mejores de su carrera. Carrera que por otra parte empezó en Albacete a cuenta de una gallada de este picador que sin saber nada entonces retó a picar unos novillos que a él le parecían chicos en los corrales. Cartagena, picador de aquella tarde de 1939, que oyó el despropósito, le cedió calzona, chaquetilla e hierros, que de buen grado y orgullo aceptó Salcedo, que como era de esperar estuvo toda la tarde marrando y más tiempo en la arena que montado a caballo.
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