Independientemente de las tres orejas que le han cortado los novilleros a la novillada de Fuente Ymbro, para mí lo fundamental ha sido la disposición de los chavales conjugado con el oficio que me hacen augurar, ,al menos, un futuro diferente a la de la vulgar novillería andante.
El salmantino Julio Norte, torero de familia taurina, ha salido por la puerta grande, al cortar, una y una de las orejas de su lote, si bien la del tercero fue oreja del paisanaje que vino a verle y protestada. Esa para mí no cuenta. La segunda, la que cortó al sexto, si, aunque solo fuera por la estocada. De las mejores que he visto en esta feria.
La novillada de Fuente Ymbro, desigualmente presentada, alguno con exceso de kilos, casi rayanos en el límite por arriba, lo que da sospechas de que la báscula de las Ventas juega a favor o en contra de lo que interesa. el juego de los novillos con sus matices.
El tercero fue un novillo terciado, protestado. Se pidió en las Ventas, toros, toros, , se dijo miau, y se gritó fuera del palco a un nuevo presidente, Juan Carlos González Carvajal, de pañuelo fácil. El novillo se dejó en varas y a banderillas fue pero sin ir. Noble, bueno, remiso a veces en las embestidas pero al final iba- Julio Norte que era nuevo en esta plaza, estuvo bien, con cosas de buen torero. Ortodoxo y con sentido de la ligazón. Por una estocada baja y aviso cobró una oreja protestada.
El sexto fue un novillón, grande, pero que fue bravo en los dos primeros tercios, luego en la muleta fue de más a menos , con recorrido, con humillación y bondad. El que más entrega tuvo de todos. Norte que abrió toreando de rodillas, en el toreo al natural fue echado a los cielos, sin consecuencias, cuando se repuso demostró que tiene el toreo en la cabeza, que sabe los terrenos que pisa, y que además recetó, hasta ahora la mejor estoca de la feria.
Otro que debutaba en Madrid era el catalán Mario Vilau, que cortó oreja en el segundo y se fue a la enfermería tras matar al quinto. el catalán tendía a bajar la mano y a hacer, consiguiéndolo, el toreo serio. Mató a este de una estocada algo contraria, novillo justo de fuerzas, que cu8mplió en los primeros tercios, nobletón, soso, pero bueno. Pitado al arrastre.
El quinto manseó en varas y cumplió echando la cara arriba en palitroques, en la muleta se rajó. Vilau que estuvo decidido con el rajado fue cogido toreando al natural en la parte del pene, de una cogida de dos trayectorias, le hicieron un torniquete y se quedó en el ruedo hasta matar de trasera y tendida al burel. Hay que tomar nota de este chaval representante de la torería de un país castigado por la ignominia inculta.
Me gustó el peruano Pedro Luis, más por lo que proyecta que por lo que dijo. Ante un primer novillo grande, sin fuerza y soso, estuvo voluntarioso, aunque pegó pases que nada dijeron, tiene una manera de andarle a los toros que atrae. Estocada caída.
Fue el cuarto un novillón grande que cumplió amplio en los dos primeros tercios y que a la muleta llegó noble y bueno pero se rajó. Pedro Luis manejó con garbo el capote y en su toreo por naturales, el manejo de la tela fue templado y desmuñecando para llevar el novillo hasta el final. No me gustó al afectación que tiene a la hora de cruzarse, como si fuera un Cuasimodo atemporal. Feo, pero feo se ponía. Al chaval se le ve oficio, clase y ortodoxia, cosa diferencial entre los nuevos que ahora practican esto. Mal con la espada.
Una cosa, que ya advertí en la feria de Sevilla. Los picadores tienen que volver a pasearse por el ruedo. Nada de salir e irse por el callejón. Aunque se tarde más en la duración de la corrida, a los espectadores nos da tiempo a aplaudirlos o recriminarlos, según sea, y a ellos a recibir la gloria o en infierno por su labor. Sé que por consejo del finado Vicente Zabala se tomó esta costumbre, cuando la suerte de picar se convirtió en un peñazo, importaba poco y la gente se aburría. Hoy se entiende que es una suerte necesaria, aunque no definitiva, por desgracia, pero en la que el que más y el que menos, de los picadores, busca hacerlo bien. Pues démosles su lugar, y no los escondamos en los callejones.
¡Aquí paz y allí gloria!


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