25 abril 2026

SEVILLA. PLAZA DE TOROS DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA. FERIA DE ABRIL DE 2026. DANIEL LUQUE POR ENCIMA DE TODO.

 

Luque con el cuarto. Foto de El Mundo.

Ver a Daniel Luque en estos tiempos es ver a un torero. No es fácil esto de ser torero, porque para serlo, lo primero es, ser persona. 

Cuando Luque torea para sí, torea para los demás, menos para ese público sevillita y advenedizo que le grita: "toros", como si estuviera en las Ventas. Pero ese advenedizo llevaba razón, porque en esta fiesta, lo primero es toro, y después todo lo demás. Eso, que siendo importante, no fue lo más, porque los toros de Juan Pedro, sacaron lo que sacaron y Luque, supo estar a la altura, demostrarlo, y estar por encima de cualquier condición que su lote exhibió.

El primer toro, de cinco años y cuatro meses, fue alto y basto. Cumplió en varas y echó la cara arriba en palitroques. en la muleta fue noble, bondadoso pero no tenía fuerzas. Luque que a la verónica había toreado despacio, lo mantuvo en pie, como enfermero, denostado por la crisis sanitaria en la Junta, y lo mató de trasera y caída. Con el cuarto, un toro anovillado, que cumplió bien en varas y que en banderillas echó la cara arriba, estuvo muy firme en el trasteo de muleta, con una colocación matemática, y con un sitio inmejorable, eso le posibilitó una faena de poder. Para mi gusto se puso pezorro y le tocó un aviso antes de entrar a matar. cobró una estocada trasera e ida y le cortó una oreja. El torito (ese que no se lidia en las Ventas, según el advenedizo) fue de más a menos, mirando y amagando.

Con el terciado tercero que cumplió bien en varas y que se dejó en las frías, Juan Ortega, que había toreado bien de capote por verónicas, anduvo voluntarioso pero sin pisar el acelerador. el toro noble y bueno, con suficiente viaje, pero sin gasolina. Pinchazo y media caída. El quinto fue un toro de Juan Pedro, correcto en la presentación que manseó en los dos primeros tercios pero que a la muleta llegó manseando y rompiendo a embestir, dejándose ampliamente. Ortega, trasteó con más detalles que enjundia, con más torería que toreo. Pinchazo y estocada buena.

Rugidor, 152, de 556 kilos toro bravo de Juan Pedro Domecq

A Pablo Aguado le tocaros dos caras de una misma moneda en la misma tarde. Y fracasó. Le tocó un toro tercero, bravo. Bravo en todos los tercios. En el caballo empujó con la cara debajo del peto, saludando Espartaco después de dos buenos puyazos. En banderillas galopó con alegría echando la cara abajo, y en la muleta embistió con ese punto desconcertante que tiene la casta, que exige firmeza y entrega incondicional, como el amor verdadero. Se le fue este toro en La Maestranza a Pablo Aguado. Lo había toreado bien a la verónica y lo mató mal tras cortarse con el estoque la mano derecha. La otra cara fue el sexto toro, el mejor presentado del encierro con cinco años y cuatro meses que cumplió en varas con bravura, y dejándose bien en palitroques, saludando Iván García. Luego en la muleta se apagó, se echó, diríase de descastado, pero creo que en realidad fue por desangrado, ya que Espartaco en varas lo cogió por los blandos haciéndole mucha sangre. Voluntarioso y detallista Aguado, no tuvo redondez el trasteo. Dos pinchazos y el toro se echó.

¡Aquí paz y allí gloria!

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