Mucha fachada, poca casta y mucha decepción. Malos toros de José Escolar para una feria que sí, es exigente con la presentación del toro, pero condición que no riñe con la de ser buenos, francos, y encastados, que los hay en las ganaderías que suelen venir a esta feria. Se diría que este ganadero veterano ha dejado a posta en sus camadas los toros más grandes y cornalones, casi todos playeros (ahora les llaman de amplias cornamentas), sabiendo que las reatas de las que procedían no valían un "duro". Esa es la ventaja de jugar sobre seguro cuando se lleva viniendo a Pamplona doce años y encima con corridas premiadas como la del año anterior. Quiero pronunciarme aquí diciendo que a Gallardo le ha pasado este año igual, con lo que ha traído de Fuente Ymbro.
Solo el mejicano Isaac Fonseca consiguió cortar una oreja al sexto de la tarde por una de unipases, sin confiarse, aunque de alto riesgo porque el toro no le perdonaba un error. El Escolar, bien presentado se dejó en varas y fue de mas a menos en palitroques. a la muleta llegó pasando sin entregarse, arreando y violento. Fonseca brindó el toro con el compromiso de arrimarse en solidaridad con las victimas del terrible incendio de los Gallardos en Almería.
También de buena presentación el tercero que no se empleó en los montados y que cortó en banderillas , llegó complicado por ambos pitones a la muleta de Fonseca que dio mantazos los que pudo, ni uno quieto y que pinchó a espadas, siendo avisado.
El colombiano Juan de Castilla hubo de visitar la enfermería después de matar al quinto toro, tras ser cogido toreando al natural, apreciándosele fractura en el pie derecho. Castilla estuvo insistente, dando algunos muletazos aislados a un toro renuente, que sin humillar pasaba a causa del esfuerzo del matador. Este quinto fue un toro grande que se dejó en varas y en banderillas casi ni embestía.
Voluntarioso estuvo el colombiano con el segundo de la tarde que se movió sin clase y sin casta. A este toro el picador después de dos entradas al caballo no le hizo sangre.
Antonio Ferrera no tuvo opciones con el primero, otro toro grande, descastado en los todos los tercios, con el que abrevió y que pinchó descaradamente.
Con el cuarto, otro descastado de libro, pero que se movió un poco en la muleta, Ferrera lo trajinó con oficio y voluntad. Tampoco estuvo fino con los aceros.
¡Aquí paz y allí gloria!


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