16 julio 2026

CAMBIOS EN LA REGLAMENTACIÓN TAURINA (I)

 

Visto lo visto, a 26 años del inicio del siglo, las diferencias de opinión sobre la continuidad de la fiesta, bien merecería una reflexión. No sobre su continuidad, que estoy seguro que mientras el hombre sea hombre (ambos géneros, así de determinantes es nuestro idioma) necesitará soltar adrenalina y mientras la suelta crear arte efímero, como es este del toreo, por lo que la reflexión debería quedar en nuevas reglamentaciones adaptadas a los tiempos sociales y éticos que vivimos.

No voy a hacer aquí propuestas suicidas, ya no tengo edad para eso, solo quiero recordar en un par de post, algo que pudo haber sido, pero que el stablisment taurino, nunca quiso someter a debate.

El último reglamento taurino de ámbito estatal en España se aprobó mediante el Real Decreto 145/1996, de 2 de febrero, y se publicó en el BOE el 2 de marzo de 1996.

Más tarde en una vorágine incomprensible de legislación autonómica, al estado le quemaba  este asunto taurino, la mayor parte de las comunidades autónomas asumieron las competencias y aprobaron sus propios reglamentos adaptados a sus territorios.

Ante tanta confusión, La Asociación Nacional de Presidentes de Plazas de Toros de España (ANPTE) propuso la creación de un único Reglamento Taurino Estatal, con el objeto de unificar criterios, acabar con las normativas dispares entre comunidades autónomas y garantizar que la dirección de los festejos recayera en autoridades formadas e imparciales.

La propuesta de ANPTE giraba en torno a tres bases: Profesionalización del cargo,  en la que la presidencia de los festejos sea ejercida por personas debidamente capacitadas y formadas, evitando la designación arbitraria y la politización del palco. Seguridad jurídica  al unificar la legislación a nivel nacional, las decisiones técnicas y administrativas de la presidencia tendrían un marco legal claro y homogéneo en todo el territorio. Coordinación autonómica, pues aunque Andalucía y Madrid hubieran aprobado decretos que modificaban sus normativas autonómicas, la Asociación seguía defendiendo que una base estatal aportaría mayor solidez a la integridad de la "Fiesta"

Como es sabido, a nadie de los poderes fácticos de la fiesta interesó esta proposición, por lo que nunca más se supo de ella, pero he de confesar que en mi opinión los asociados llevaban razón.

Por aquellas fechas la ANPTE hizo un borrador que me pasaron para darles mi opinión al respecto. 

En la próxima entrada del blog os haré saber cuales fueron mis opiniones. 

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