DIARIO DE SEVILLA. JULIO NORTE.
Los novillos de Talavante parecían adiestrados. Nobles, repetidores, buenos. Maquinas de embestir, sin mirar a los novilleros para no molestar, embistiendo a diferentes velocidades para darles tiempo a los chavales a digerir aquello... se diría que Talavante ha echado en Sevilla una gran novillada que se recordará por siempre, y lo que más se recordará es que de tan buenos y bobalicones que eran ninguno se atrevía a coger, a herir a ningún torero. Casi todos guardaron emoción en el ultimo tercio, y casi todos estuvieron por encima de los novilleros que como dice mi amigo Juan Cintrano fueron unos "mantas mojás", es decir que no estuvieron a la altura de los novillos, practicando milímetro a milímetro el toreo moderno que es lo que dice Talavante para lo que cría sus toros, para el toreo moderno. Casi todos aplaudidos al arrastre.
La novillada desigualmente presenta impropia para Sevilla, pero claro, ya sabemos que esta plaza no es la plaza de la Real Maestranza sino la plaza de los sevillitas.
Julio Norte, de Salamanca, que hacía su presentación, cortó oreja y oreja. Las peticiones no fueron, en ninguno de los casos rotundas, pero es lo que hay, y donde se escudan los presidentes porque dicen, las pide el público.
El tercero fue un novillo terciado, muy bueno por ambos pitones al que Julio le enjaretó algunos buenos muletazos, por momentos, y sin enjundia, y algunos naturales fueron buenos pero sin ser rotundos. Este novillo cumplió en los dos primeros tercios, pero el sexto fue manso en varas, cumplió en banderillas y en la muleta noble, bueno y repetidor. El de Salamanca anduvo descolocado en la ligazón, llevando las embestidas, no toreándolas, a veces embarullado y con detalles sueltos. Tras un pinchazo feo una estocada trasera perdiendo la muleta y una oreja.
El otro novillero que tocó pelo fue el portugués Tomás Bastos por una estocada trasera, perpendicular, caída y con aviso, por una faena despegada llena de detalles por bajo, que no es toreo porque lo que se busca es gustar y para ello se ponía de perfil y toreaba con el pico. El toro quinto, bastito, manseó en las varas, y fue con pies a banderillas, luego en la muleta, para mí, el mejor. Una máquina de embestir por derecho, de más a menos en la velocidad, pero a más en la calidad de las embestidas. El toro se subió encima del torero y este creía que lo estaba haciendo bien, él y todos los sevillitas que fueron a verlo.
En este toro saludaron en banderillas Oliveira y Sánchez.
El segundo fue un novillo abecerrado, castaño, que se dejó en varas, muy encelado, y en banderillas se dejó bien. En la muleta, muy bueno, repitiendo con nobleza por ambos pitones. El portugués no se acopló. Despegado. Utilizando el pico de la muleta, y pegando muchos pases, algunos de ellos le salían bonitos. Dio vuelta al ruedo por una trasera perpendicular, aviso y descabello.
Se presentaba también el mejicano, Emiliano Osornio, que a mi no me dijo nada. Al primero del encierro correcto de presentación, le cortó los viajes, estando solo aseado. Como que no pasó nada ante un novillo noble, casi tonto que se vino a menos.
El cuarto estuvo bien presentado que se dejó pegar en varas y cumplió en banderillas, comenzó a embestir a la muleta a saltitos y luego dejándose con nobleza y bondad. Tampoco me dijo nada Osornio, mucha posturita, rectificando siempre para conseguir algún detalle y destellos para adivinarle algo en un futuro. Por la izquierda estuvo mejor.
¡Aquí paz y allí gloria!


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