Escoceperro de la ganadería de Fuente Ymbro, nº 76 de 549 kilos, lidiado en quinto lugar. Ovacionado al arrastre.
Una fiera es un animal con aviesas intenciones de dar muerte. Acecha, mide posibilidades, se prepara y cuando está seguro de hacer presa, se lanza sin previo aviso sorprendiendo a la victima. Y esto no es un toro bravo. De ahí la diferencia, y por eso un toro bravo nunca podrá ser una fiera, aunque a veces en el argot taurino utilicemos el termino como para significar, la incontenible embestida, la rapidez, la repetición del morlaco. La fiereza en un toro bravo es ese huracán de embestidas que se le viene encima al torero que como no esté ducho en la técnica se verá vencido y engullido por el toro. Esa es la fiereza de un toro bravo, que nunca te sorprenderá para herirte a conciencia, salvo que sea un toro manso y peligroso.
En la corrida de Fuente Ymbro pudimos ver tres toros fieros en tres versiones distintas.
El segundo, que fue el toro terciado del encierro pero con cara, por eso se salvó de la criba veterinaria, que manseó en los dos primeros tercios y que en la muleta se mostró fiero y con arrancadas peligrosas. El quinto, el toro de la fotografía (Mundotoro) que cumplió en varas, se dejó en banderillas y que a la muleta llegó con chiribitas, de interesantes embestidas llenas de emoción, dejándose por los dos pitones, y el sexto que cumplió en varas y a banderillas fue con pies. en la muleta comenzó con fiereza y se fue atemperando a lo largo del trasteo.
Dicho esto, el primero fue un toro grande (la corrida desigual de presentación), complicado, probón e incierto. El cuarto fue un inválido devuelto por uno de Murteira, del que decían que no veía, que fue soso y parado, sin casta ninguna, y el tercero un toro manejable, de pelo melocotón, que se rajó.
Álvaro Lorenzo se quedó quieto, confiado, con seguridad y colocación en una faena para profesionales de esto, en el primero, y en el cuarto bis, del que reclamó a la autoridad que no veía, solo pudo estar aseado.
Rafa Serna estuvo firme con el peligroso segundo, y lo mató mal, pero cortó una oreja del quinto, toro que estuvo por encima del chaval, que tardó en verlo, al que no le cogió las distancias y que estuvo muy aturullado.
José Fernando Molina que se presentaba en esta plaza, abrió bien, por bajo, la faena al tercero peo luego fue enganchado y todo se fue al carajo. El sexto estuvo por encima del albaceteño al que no entendió en toda su lidia.
¡Aquí paz y allí gloria!


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