En días pasados se ha presentado en el Ateneo de Málaga el extraordinario libro: (Tauromaquia. Poesías y dibujos)
Se trata de una simbiosis perfecta entre los grabados de la tauromaquia de Goya, las deconstrucciones que de ellos hace el pintor José Luis Jiménez Pegüi y los soberbios poemas que a ellas les hace el clásico poeta, Roberto Juan Martín.
Tengo el honor de haber prologado este magnífico trabajo, pues nunca antes había tenido en mis manos un estudio tan definidamente perfecto que, sobre la base de un tema tan polémico como el del juego con el toro bravo, aunara artes tan rotundas como el grabado, el dibujo y la poesía. Tres pilares, tres tercios, tres suertes, con criterios artísticos tan diferentes pero tan unívocos.
Aplaudo a Jákara Editores por la apuesta de editar este libro. No porque este libro suponga un desafío, en el atribulado tiempo que corre la tauromaquia, sino porque, partiendo de la obra de Goya, las deconstrucciones hechas por José Luis Jiménez Pegüi y los versos de Roberto J. Martín, los lectores obtendrán información para entender, que no aceptar necesariamente, un tema tan discutido como el de los festejos taurinos.
El universo goyesco es fascinante, y dentro de ese arrebato preexpresionista que identificó la pintura de Francisco de Goya y Lucientes, se encuentra la serie de grabados que realizó sobre la tauromaquia.
Bien podría decirse que los grabados fueron una preexistencia de lo que hoy llamamos fotoperiodismo.
Cada una de las imágenes que Goya nos muestra sobre el ejercicio de la tauromaquia (los festejos populares en torno al toro y las corridas de toros) son artículos periodísticos donde se muestran las suertes más llamativas que ejecutaban los toreros con las fieras, y que elevaban a rango de figuras de la sociedad de la época a aquellos valientes y atrevidos personajes.
En definitiva, Goya nos habla, en los grabados de la tauromaquia, de la esencia física, cultural y social de unas gentes que a lo largo del siglo contribuyeron a conformar el espíritu de lo español.
Los grabados iban de mostrar una fiesta, pero también de hacer una crítica, donde la luz toma una sublime importancia en el claroscuro del momento mostrado, y donde el trazo exacto nos arrebata ante una escena que no nos hurta ninguna sensación.
José Luis Jiménez Pegüi
A principios de este siglo, José Luis necesitó, en la búsqueda de un lenguaje propio, reflexivo y, si se quiere, moderno, reconcebir las obras de ciertos pintores, entre los que se encontraban los españoles Velázquez y Goya.
Otros pintores (Picasso, Braqué, Dalí...) ya habían elegido un camino parecido para mejorar sus técnicas pictóricas o para desarrollar nuevas técnicas. Por lo que Pegüi, estudioso del camino evolutivo pictórico, utilizó, en ese viaje identitario, la técnica de la deconstrucción. Técnica que le permitiría descomponer las obras de los pintores elegidos y comprenderlas mejor, sobre todo en lo relativo a sus elementos constitutivos.
En la deconstrucción de José Luis Jiménez Pegüi, la estética se deforma, el trazado se quiebra, la óptica se distorsiona, el punto de fuga se confunde, y el conjunto geométrico nos ofrece un espacio comprensible a la vez que volátil.
José Luis, hoy por hoy, es uno de los principales exponentes de la deconstrucción pictórica.
Roberto Juan Martín González
Roberto es malagueño de El Perchel y ha hecho los poemas a las deconstrucciones de Pegüi de los grabados de la tauromaquia de Goya.
En toda su obra, Roberto hace alarde, alarde humilde, de la poesía ortodoxa. Humildad que yo aplaudo en un mundo poético como el actual, donde prima el verso libre, a veces demasiado irreverente y tan dúctil como vano.
El orden métrico y el ritmo de su poesía, por otra parte, puntos cardinales del poeta, confieren a sus versos una identidad que lo entroniza como poeta clásico y pedagógico.
Y claro, los poemas que encontramos en esta obra tienen su estructura, su rima, su pedagogía y su redondez, que nos transporta a una época (siglo XIX) en la que efectivamente se encuentra la realidad del verso definitivo.
Los poemas de Roberto parten de un análisis de la imagen, conectan con la expresión pictórica de los dos autores, Goya y Pegüi, y entroncan con la propia esencia taurina del autor, que se reconoce aficionado a este arte de Cúchares.
La estructura poética que Roberto J. Martín sugiere en cada grabado es la estructura que le da sentido al mismo.
Por ejemplo: El soneto, como redondez lírica de la imagen. La Décima Espinela, como expansión del conjunto, yendo más allá de lo representado y viendo lo intuido, o lo que atañe al espíritu.
Roberto nos ilumina en este libro con una variedad de estructuras poéticas, que constituyen en sí mismas una referencia enciclopédica de la versificación lírica, algunas de ellas rescatadas del albor de los tiempos, como el Decasenario. La estrofamanriqueña y Sexta Rima. O la estrofa sáfica.
No hay en la actualidad, estoy casi seguro, ningún poeta que le dedique tanto tiempo al estudio de las métricas como Roberto. Habrá profesores que en el ejercicio de su profesión e investigación lo hagan. Pero poetas, pocos. Muy pocos.
Hasta incluso incluye en el poemario una composición propia: La Martinada.


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