11 octubre 2012

LA FIJACION DE LA BRAVURA

Toros del Marqués de Domecq 1989
Puede que se me tilde de falta de objetividad, incluso de raciocinio. Insisto en que los primeros espartillos para que se derrumbara lo conseguido en ganadería de bravo, tuvo lugar allá por los años treinta y que paralelizo con la creación de la primaria UCTL, cuando lo único conseguido fue aislar por morfología -exceso de atención a los pelos- lo que vinieron en denominar encastes, y aún no habían comenzado ni a asentar raza. En lo que respecta a fijación de la bravura (la fiereza y la nobleza consuetudinario del Toro agreste, cerril y salvaje, era don de la sabia naturaleza) todavía se estaba a años luz -hoy más lejos aún- y ya se creyeron en poder de la piedra filosofal. Como se ve, burda mentira, craso error, y sobre todo, vanidad incontenida.
Todos los ganaderos hasta José cruzaron, cruzaron y cruzaron. Las pruebas más evidentes fueron Villamarta y Conde de la Corte; desviadas con intención de ocultar la fuerza que históricamente había conseguido la Familia Mendoza, camuflándolo con el intento de resucitar el término Parladé, cuando el trabajo lo tenía hecho la Casa Tamarón. Ya han pasado cien años y es lo que subsiste, aunque desviado también y que solo se disfruta cuando aparece algún salto atrás genéticamente.
No hay que tener miedo a cruzar. No hay que tener miedo a empezar de nuevo. No hay que tener miedo a abrir los cerrados, salvo lo apartado para lidiar. Volver a los Sementales de ciclo corto, a la prueba de fuego del caballo en los tentaderos. Volver a los terrenos agrestes y duros, para obligar al constante ejercicio, y devolver la finura de cabos a la raza brava, olvidándose de los terrenos de labor -además el pienso otra vez es caro- con lo que los correderos se podrían suprimir, ya que es nefasto el ejercicio en el que no se produce recuperación y el sudor se les seca en el cuerpo de forma que puede sobrevenir ese enfriamiento originario de pleuresías (pleuras pegadas), observadas tan frecuentemente en los desolladeros.
Ni Pablorromero, ni Resina, ni Algora podrán hacer nada con sesenta vacas, pese a la reserva de pajuelas. Esto ya lo hice ver en el VII Curso de Periodismo Taurino de la Complutense, pero todo lo que no sea "ex cátedra" y dentro del oficialismo taurino, no se considera, ni se tendrá en cuenta jamás. Nos miramos demasiado el ombligo.

 Gil de O.

1 comentario:

Fernando dijo...

La diferencia de cruzar ahora es que antiguamente los ganaderos cruzaban a sabiendas de lo que tenían sus compañeros y si no daba bien lo eliminaban y vuelta a empezar.
Cruzar ahora es una locura , porque se hace por negocio y el campo esta lleno de ganaderías tan cruzadas por modas que se escapa su selección y todo parece el mismo ganado.
Yo no soy partidario, creo que hay adelantos genéticos y estudios que te permiten mantener un encaste y conservarlo anteponiendo la afición por encima del negocio.
El toro en estas ganaderías es muy irregular , pero sigue siendo un encaste único y un tesoro genético.