31 mayo 2012

JOSÉ ESCOLAR, UN FRAUDE


JOSÉ ESCOLAR, UN FRAUDE

Por Agustín Hervás
Onda Cero Radio
Toros de piedra de Paco Rodriguez
Me tengo por un amante del toro bravo, y de los encastes. Defiendo, que sin el toro bravo la fiesta no tiene futuro, y todo mi trabajo lo baso, en la defensa del toro, por encima del bienestar de los toreros, entendido esto desde el respeto a las personas que se pone delante de ellos. Pero lo de esta tarde en Madrid ha sido un fraude por mucho que queramos defender para la fiesta la variedad de encastes.
El ganadero ha traído a la plaza una corrida desigual de carnes bajo el amparo del exceso de pitones. A los toros les faltaban 60 kilos a cada uno, y se les notaba que les ha faltado pienso con el que rematarlos.
El primero anovillado, escurrido. El segundo terciado con aparato queratinoso. El tercero otro novillo. El cuarto correctamente presentado, (la excepción). El quinto agalgado con cara pero sin remate. El sexto vareado.
Pero si no quieres caldo, toma dos tazas, o cinco, porque lejos de las apariencias, es decir del trapío, está la casta que no se ha visto en ninguno. Mentirosos en los caballos, iban pero no se quedaban con fijeza. Se tragaban el primero, que como bien decía Mariví Romero, el primer puyazo lo reciben hasta los bueyes, pero el segundo o el tercero, no, se iban. Solo el segundo torito se quedó. En banderillas ni uno ha ido franco, todos con las caras por los cielos, esperando, arreando. Y en las muletas, un infierno. No sé si Joselito El Gallo se hizo figura con semejantes alimañas. Seguramente que era lo que había pero los albaserradas de hoy olían a cloroformo, y eso no es, ni el toreo, ni la emoción, ni tiene nada que ver con el arte de la tauromaquia y con la cosa cultural que quieren ofrecernos los apologistas de esto.
El primer toro, peligroso de hule, con el que López Chaves intentó ponerse bonito, y eso no era, pero tampoco lo lidió ni lo macheteó. Su toro segundo, cuarto de lidia, por el pitón derecho era tardo, mirón e iba con prevención, complicado. Por el pitón izquierdo se dejaba mejor pero no lo terminó de ver el salmantino.
Al segundo le enjareta Robleño, por cierto, excesivamente delgado, un ramillete de verónicas, y nada más, porque luego se puso complicada la alimaña con la que estuvo muy firme y haciendo un esfuerzo de entereza y valor. Al quinto, otro de hule, lo lidió y se metió con él por bajo para ahormarlo y pasaportarlo. En torero.
José María Lázaro se las vio en primer lugar con un tercero descastado que se defendía pero no tenía malicia, estando con el toro voluntarioso. Con el sexto, el que más se dejó, con mucha disposición y cabeza, le dio una primera tanda por la derecha, yendo el toro. En la segunda se deja y el torero se la da también. En la tercera ya es renuente y el torero hace el esfuerzo. La primera por la izquierda se deja y Lázaro la da. En la segunda, el toro se va al pecho del torero. Después nada, ahí se acaba la historia de este toro y de la corrida.
Vista la cosa, velas al santo porque los toreros pudieron matarla.
¡Aquí paz y allí gloria!

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