01 julio 2009

BAJONAZOS

Escultura de Benlliure. No es precisamente un bajonazo.

SIEMPRE HUBO “BAJONAZOS”


El aficionado taurino, tiene una capacidad fabulosa para la espera resignada. Protesta, se encoleriza, arremete contra el torero, reniega con la boca pequeña de su afición, tiene por firme su propósito de no volver a presenciar una corrida, y, olvida enfados y propósitos, tan pronto ve de nuevo un cartel de toros. Ocurrió así antes, y sucede así ahora. De lo que ya no estoy tan seguro; es de si mañana seguirá siendo así... Pero ¡cuidado!, me estoy refiriendo al aficionado, no al público espectador más ocasional. Este, olvida el camino de la plaza, cuando no le “divierte” lo sucedido en el ruedo.Se incurre a veces, en el achaque del pesimismo y, se habla de trayectorias de descenso. Lo mismo que ocurre con el teatro, acontece respecto a los toros. ¿Crisis? ¿Declives? ¿Decadencias? Toda la vida y en todas las épocas, se diagnosticaron esas tendencias. Y luego las realidades las desmintieron. Claro que, por un fenómeno tan lógico como irremisible, ha habido momentos de mayor auge y esplendor en la fiesta de los toros. Una competencia que apasione, seria motivo de recrudecimiento del interés de los públicos. Nadie será capaz de negar; que si existiera mayor competencia en los toreros, - esto seria -, como en otras épocas, un factor decisivo para caldear el ambiente y determinar un notorio crecimiento de la inclinación publica hacia las corridas de toros, contribuyendo como ocurrió en otros momentos de “bajón” al fervor y al entusiasmo que estas despertaban. Difícil volver a aquellos años vigorosos, en los que, toreros y carteles de todos conocidos, se suscitaban admiraciones exaltadas, y también discrepancias. Es un hecho, que continúa habiendo afición, y el entusiasmo e ilusión no han decaído en términos que sea aceptable la afirmación de que los gustos y las diversiones decrecen. Sin embargo, es muy cierto, que muchos regidores de esta Fiesta, actúan de modo que hace pensar que, tienen un propósito deliberado de acabar con ella, imposiciones, estrellatos artificiales demasiado rápidamente gestados, precios que son inevitable efecto de las exigencias y pretensiones de diestros y administradores, representan causas de indudable quebranto, llegando a unas rasantes tan exageradas, de las que nunca se debió pasar. Al menos eso me parece a mí.


-Fermín González- comentarista onda cero radio-