21 febrero 2006

JULIO ROBLES, GLORIA EN SEVILLA

JULIO ROBLES, GLORIA EN SEVILLA
Por Agustín Hervás
Onda Cero Radio
Tribuna de Salamanca

El 13 de abril fue un gran día para mí, por fin supe lo que era entrar en Sevilla, ¡tantos años y fue cuando fue, ni antes ni después! No es que el cartel fuera de mi total agrado, por los toros, bueno, los de Manolo González son siempre de garantía, pero sé que Victoriano peleó lo mejor, además todos sabemos lo que a los salmantinos nos cuesta que nos pongan en Sevilla y luego además entrar en su afición, por eso jamás olvidaré aquel abril del 89. Cuando miré al cielo azul de Sevilla comprendí que el mejor vestido sería el azul y aunque las copas de los arboles cimbreaban ligeramente no me preocupó el viento.
Salió el primero, guapo, de 463 kilos y con el numero 65, un negro mulato que me dijeron se llamó Manchado. Lo tocaron Pedrín y Chocolate y me lo pusieron para dos Medias Verónicas con remate de Revolera. Legionario me esperaba llevándolo con recortes. Pegó fuerte en el peto empujando aunque luego se durmió. Pensé un quite por Chicuelinas pero en la primera se me metió el toro y me llevó por delante desarmándome, tuve que correr despavorido, Mendes en un detalle me dio mi capote y la Montera. En la segunda vara se dejó pero con menos acometividad. El Legionario lo sabía y lo cuidó.
Fernando Martín dejó el primer par de banderillas al paso pero muy habilidoso. Pedrín se colgó en el segundo aunque se le fue a la arena un palitroque y otra vez con facilidad cerró Domínguez.
Debo confesar que al principio no sabia muy bien como plantear la faena y por instinto me salí cerca de la primera raya, le pegué dos muletazos de tanteo por alto y otros dos más al hilo del pitón para colocar el toro entre las dos rayas. Después entrando en faena al segundo muletazo por el pitón derecho el toro se cae, en los dos siguientes igual. Yo quería bajarle la mano pero tenia miedo de la flojedad del toro. Le di tres más y al vaciarlo por alto se me metió debajo.
La siguiente serie la empecé con precauciones, un poco despegado pero le ligué cuatro por la derecha y lo rematé por alto, ya el toro me gustó más, no obstante no me atrevía a sacarlo a los medios y comencé los naturales entre las dos rayas. Tenía que ser aquí, el primero largo hasta el final luego dos desmayados para vaciar con uno de alivio por alto y ligar el de pecho. Casi no puedo describir lo que sentí cuando el maestro Tristán echó a tocar la banda de Tejera. ¡Mi primera música en Sevilla y sonaba Manolete!
La sexta serie con la muleta en la derecha la arranqué desde las tablas, quise abrirla con un trincherazo que los sevillanos me jalearon, luego di dos buenos y al tercero el animal se me quedó debajo, entonces improvisé. Otra vez la izquierda, yo ya estaba embalado, pero no debía abusar, lo bueno si breve dos veces bueno, le di cuatro, en el primero se me ciñó el toro yo me compuse como si nada, en los tres siguientes me gusté. Me fui por la espada, reposó el toro, le arreglé dos muletazos por bajo con la rodilla genuflexa y cuando quise darle el tercero se me quedó en el embroque y tuve que resolver con un trincherazo y un abaniqueo. Cosas de la geometría, acabé otra vez entre las dos rayas, me perfilé en la suerte natural sin darme ventajas y dejé una desprendida perdiendo la muleta. Paseé con gran orgullo mi primera oreja en La Maestranza. ¡Por fin!
No me gustó la salida del cuarto, 43, cornidelantero, de 500 en la tablilla y de nombre tan felino como Leopardo, después de visitar el burladero de Pedrín se fue a cocear el de Chocolate al que volvió para huir después. Lo intenté recoger desde el tercio con un lance con el fin de cerrarlo pero se fue y volvió, entonces le eché por dos veces los vuelos del capote a los hocicos esperando entrega y cuando llegué a las dos rayas le largué dos Veronicas a pies juntos, la segunda me enganchó, pero en el tercio le ligué dos buenas abrochadas con la media que el publico aplaudió mucho.
Se quería quitar el palo pero Aurelio lo sujeta con oficio. Todos nos mirábamos, a nadie le gustaba el toro, el segundo puyazo lo tomó porque sí. A chocolate se le caen los palos a la paletilla, Pedrín lo hace más bonito y en el tercer par toma precauciones Chocolate. Tengo mis dudas pero la sangre me hierve y debo colofonar la tarde. Cerrados en tablas lo recibo con un muletazo por alto, luego otro de tanteo y dos más por arriba que me salieron deslavazados. Me desanimo porque el toro pegaba oleadas. Pero tenia que ser. Le di tres derechazos con empaque y ligándolos, la gente estaba conmigo, pero no tenia aún las ideas claras, retiré del albero banderillas que me estorbaban y el viento me importunó la muleta.
Como el toro embestía descompuesto decidí fijarlo con la voz, pero me protestaba el animal. Me eché la muleta a la izquierda y con decisión y confianza le ligué cuatro naturales y el de pecho rotundos y otra vez la música, con esta misma mano, buscando bien la distancia me salió enganchado el primer natural, pausé, el segundo limpio y los otros luchando con la bronquedad del toro, pero este publico que sabe de lo que va esto me aplaude. No me encuentro a gusto y vuelvo a la derecha, lo cierro más en tablas a ver si cambia, abro con una trinchera y ligo los redondos a pesar del calamocheo del bicho. Entonces vi que ya no era posible nada más, quise terminar con ayudados pero solo me permitió uno, lo cuadré y de un sopapo lo tumbé. Los sevillanos me dieron otra oreja. Yo no cabía dentro del vestido. Mi sueño cumplido, Sevilla ya era mía.
Tomás Campuzano con el descastado segundo estuvo voluntarioso y con el quinto después de una lección de picar a cargo de Paco Martín, estuvo bien a secas.
Víctor Mendes que estaba con Gonzalito con el tercero muy justito de presencia lo banderilleó con suficiencia pero a la muleta llegó parado. Al sexto que devolvieron por falta de fuerzas se tiraron dos espontáneos que se hartaron siendo aplaudidos por el publico. Con el sobrero de Peralta puso un par al quiebro muy bueno y luego en la muleta nada de nada.
Sevilla fue mía pero Dios no quiso que lo fuera más, al año siguiente ya estaba en la silla de ruedas pero la gloria de ese día estará siempre en mi memoria y en la de los aficionados. Esa es la gloría del toreo lo demás es tierra y oración.